El Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables otorgó un trofeo de
reconocimiento a Nueva Acrópolis por 44 años de obras de apoyo
voluntario en los campo de cultura, educación, apoyo social y ecología.
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Teatro de clown. Consulta de un dentista
Diviértete con el grupo "Las Cuatreras" con este fragmento de la representación "Viviendo el día a día". ¡Buen sentido del humor!
Un pequeño cuento hecho de lluvia
UNA TARDE DE OTOÑO
Ocurrió una tarde de otoño. Era un día gris, pero de vez en cuando, el sol asomaba tímido entre las volutas de bruma y nubes de la bahía. La mar tenía un color verdoso que por instantes se tornaba azul, creando una situación de imposible olvido. Aparentemente era un día como otro cualquiera y nadie parecía advertir las sutiles diferencias que lo convertían en un día diferente.
Pero todo empezó con un sonido, un sonido sordo, profundo y desgarrador que parecía provenir del mismo corazón de la tierra. Al principio, las gentes no parecían ser conscientes de ello, solo algunas almas sensibles escucharon con los oídos del alma el sonido desgarrador proveniente de la orilla y acudieron asustados a ella. Y allí estaban varados, una ballena y su cría.
El sonido que emitía el enorme animal erizaba la piel de aquellos que eran capaces de escuchar con el corazón. Era un sonido triste, angustioso, lleno de matices que hablaba de muchas cosas pero que, sobre todo, pedía ayuda. Y frente a ellos, unos cuantos niños y algunos ancianos y adultos que aún no habían perdido la esperanza en el ser humano, los seres con el corazón lo suficientemente puro aún como para ser capaz de reconocer en ese gran mamífero a un igual. Todos se miraron buscando una explicación que les ayudara a comprender por qué solamente ellos habían acudido a la llamada de socorro y cuál debía ser el siguiente paso.
La confusión se leía en sus rostros, y nadie parecía saber muy bien qué hacer hasta que una niña corrió hacia la ballena y, después de que sus ojos cruzaran la mirada un momento, se dirigió a los allí reunidos y les dijo:
–Tenemos que salvarla –dijo señalando con su diminuto dedo hacia el pequeño ballenato que les miraba aterrorizado.
Todos miraron a la vez hacia el animal, y una chispa de comprensión apareció en aquellos ojos, tan diferentes entre sí pero tan iguales a los del pequeño ballenato.–Tenemos que salvarles, podemos hacerlo –un anciano señaló a dos de los jóvenes que estaban a su lado–. Vosotros dos, id a buscar ayuda.
Las órdenes no se hicieron esperar y partieron raudos a buscar ayuda al pueblo.
–Hay que mantenerles húmedos hasta que suba la marea –dijo el anciano, que desde ese momento, se convirtió en el líder del pequeño grupo.
Ya anochecía cuando apareció la gente. Algunos acudían por curiosidad, otros por aburrimiento, pero todos callaban impresionados ante el espectáculo de aquellos enormes animales agonizantes. Solo unos pocos se atrevían a acercarse a la orilla y a ayudar a aquellos que, exhaustos, no dejaban de mojar los cuerpos de las enormes bestias.
La marea parecía no llegar nunca y muchos empezaron a alejarse sin esperanza, mientras la luz del gran cetáceo se apagaba lentamente.
El fin de la ballena parecía anunciar también el de la pequeña comunidad que se había formado entre los diferentes extraños, y todos se miraron tristes, conscientes de que cuando la luz se apagara, también sus propias esperanzas e ilusiones lo harían. Durante varias horas habían permanecido unidos, ayudándose sin preocuparse de sus miedos, angustias y dudas. En ese tiempo el universo, las ballenas y ellos mismos habían formado un todo.
Las miradas de la niña y el anciano se encontraron y, como hacía ya algunas horas, comprendieron.
El anciano palmeó con cariño el lomo de la gran ballena y pareció susurrarle algo; después se alejó de ella y se acercó al pequeño ballenato, le acarició suavemente y comenzó a tirar de él.
La marea estaba subiendo por fin; sin embargo, era tarde para la madre, pero aún había esperanza para la cría.
Al amanecer, el gran cuerpo de la ballena se hallaba tendido en la playa, sin vida; en cambio, el ballenato estaba a salvo. No obstante, ahora dependía de ellos conseguir que su sacrificio no hubiera sido en vano.
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Una pequeña reflexión para todos los guerreros de la luz
Los guerreros de la luz se reconocen por la mirada.
Están en el mundo, forman parte del mundo, y al mundo fueron enviados sin alforja ni sandalias. Muchas veces son cobardes. No siempre actúan acertadamente.
Los guerreros de la luz sufren por tonterías, se preocupan por cosas mezquinas, se juzgan incapaces de crecer. Los guerreros de la luz de vez en cuando se consideran indignos de cualquier bendición o milagro.
Los guerreros de la luz con frecuencia se preguntan qué están haciendo aquí. Muchas veces piensan que su vida no tiene sentido.
Por eso son guerreros de la luz. Porque se equivocan. Porque preguntan. Porque continuan buscando un sentido. Y terminan encontrándolo
Extraido de: "Manual del guerrero de la luz" de Paulo Coelho
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La Educación Antes del Nacimiento
La palabra “educación” viene de “educire”, sacar, extraer. Dentro de nosotros está esa semilla que debemos ayudar a que germine, a que saque lo mejor, lo más luminoso que hay dentro de nosotros. Como bien dice en El Principito Antoine de Saint-Exupéry, “Las semillas duermen en el secreto de la tierra hasta que a una de ellas se le ocurre la fantasía de despertar”. La educación debería ser aquello que permite que brote de esa semilla interior lo que ella ya es...
Algo tan importante no puede dejarse al azar o la intuición porque va a influir en el futuro; por esta misma razón, la educación comienza en el mismo instante en el que una conciencia, un futuro ser humano prepara su llegada a este mundo.
A lo mejor hoy en día tenemos que recordarnos qué es realmente la educación, porque tenemos la idea de que educarnos es informarnos de muchas cosas. Sin embargo, se trata de formar al ser humano. No de añadirle cosas desde fuera, sino de que cada uno pueda desarrollar aquello que tiene dentro: en la semilla del árbol ya está el árbol. Es decir, en la semilla de cada uno de nosotros, ya está lo que tenemos que ser nosotros. Se trata de permitirle que salga, que crezca, darle forma.
Se cuenta que el gran artista Miguel Ángel decía, al ver un bloque de piedra, que la figura que él quería sacar a la luz estaba dentro. Lo único que él tenía que hacer era quitar todo lo que le sobraba para que la figura apareciese.
Esto es algo que sabían todas las antiguas civilizaciones, y por eso preparaban minuciosamente a cada mujer que iba a concebir un hijo. Lo encontramos desde las culturas más avanzadas hasta las que nosotros consideramos equivocadamente salvajes. Un ejemplo de verdadera educación lo tenemos en los indios norteamericanos, que hoy en día empezamos a descubrir que no eran tan salvajes, ni tan horribles, ni tan violentos, ni tan feos. Todo lo contrario.
Si uno quiere investigar acerca de este pueblo, descubre que tenían unas creencias exquisitas, sutiles, muy bien elaboradas acerca de la naturaleza, acerca de lo que es el ser humano, de la educación. Tenían ritmada toda la educación de un niño desde que la madre se enteraba que estaba encinta. Y todo esto recomendado e incluido en la educación de esa mujer desde que era una niña. Por ese motivo, desde que una india se enteraba que estaba encinta, ya no podía vivir como las demás mujeres. Primeramente, dentro de los hombres y mujeres eminentes de sus tribus (que los había), iba a escoger un ejemplo, pensaba en las cualidades y las virtudes de esa persona que conoció o escuchó en los grandes relatos para recrear constantemente esas cualidades y esas virtudes... Además se esforzaba en no tener conversaciones vulgares, así como alejarse de preocupaciones materiales.
En definitiva, quería sacralizar de alguna forma y manera, su vida. Desde qué pensaba hasta qué hablaba, qué contemplaba, de qué se preocupaba. Ya no estaba viviendo solo en función de ella misma, sino que había una conciencia muy clara de que ella era portadora de un alma y, por lo tanto, tenía que ser en ese momento un buen canal, un instrumento para que ese alma llegase y llegase bien.
En ese momento existe una conciencia de esta interrelación entre la madre y el niño. Y esta mujer tiene como disciplina pasear por el bosque, contemplar las cascadas, los ríos y hablarle a su futuro hijo desde las primeras semanas del embarazo. Hablarle de la perfección de la naturaleza, escuchar ella los ruidos de la naturaleza como si se tratara de una música, ya que para estos indios norteamericanos, la naturaleza es un templo. Un templo perfecto. Por eso, ellos jamás construyeron templos como los que nosotros conocemos, porque entendían que el mejor templo era la naturaleza y que en ella, se podía descubrir ese secreto de la vida. Y poco a poco, hablaba a su hijo de lo que el indio norteamericano entendía como el Gran Silencio. El Gran Silencio que lo llena todo.
Dios es el Gran Misterio que el ser humano no puede comprender, pero que está presente, está detrás de todas las cosas.
Durante la gestación recitaba en voz alta algunas de las tradiciones orales de sus antepasados, que hablaban del Gran Espíritu, el espíritu que reside en todas las cosas. Es decir, que, durante todo el periodo prenatal, la madre era consciente de que a través de todo lo que ella hacía, sentía y pensaba, estaba educando a su hijo. Pero esto no era suficiente, sino que ella misma también se preparaba, por ejemplo, para que ese momento que había estado esperando y para el que se había ido preparando de determinada forma, lo viviese en la soledad y en la compañía de esa naturaleza, de lo que llamaba El Gran Misterio o El Gran Silencio.
Es cierto que a nosotros nos extraña mucho y lo vemos como un signo más de salvajismo, por ejemplo, que estas mujeres se retirasen de la tribu el día que iban a parir, se retirasen solas y alumbrasen a su hijo en la soledad. Lo hacían así porque ellas no querían que nadie que las contemplase sintiese lástima ni pena por su dolor en ese momento. Era una especie de pudor psíquico, espiritual, como algo que le iba a hacer sentirse pobre. Aparte, tenía un gran orgullo de vivir con valor ese momento...
La educación comenzaba desde el momento en que sabía que estaba gestando un hijo y continuaba hasta la edad de los siete años.
Curiosamente, esto coincide en todos los pueblos de la Antigüedad, ya nos vayamos a la India, Egipto, Roma, Grecia...
Por ejemplo, en Roma, un niño estaba a cargo de su madre ineludiblemente hasta los siete años de edad, ocupándose de él constantemente. No era porque la mujer estaba esclavizada, sino que era algo que hacían de modo consciente, ya que iban a traer un alma al mundo, y si la traían, la traían adecuadamente, siendo responsables.
Las mujeres eran verdaderas autoridades en esos pueblos, tenían en su poder la educación de los futuros habitantes, es decir, una gran responsabilidad y, en consecuencia, un gran poder; por ello, debía hacer un buen uso de este.
Como bien expresa la frase “La mano que mece la cuna es la mano que domina el mundo”, no puede dejarse al azar, y mucho menos a gente que no se prepara para ello. Después, cuando el niño cumplía siete años, sí que iba a pasar a cargo del padre. Ahí era el momento en que el niño estaba preparado para introducirse en la vida pública. Y entonces vemos que va acompañando al padre, e incluso está presente en las conversaciones con los amigos, en todas las gestiones públicas que haga su padre... Bueno, esto lo encontramos también entre los indios norteamericanos, donde lo más importante dentro del primer septenario de vida de un ser humano es el contacto con su madre, porque no solo depende el niño de ella en lo que concierne al alimento físico dictado por la naturaleza, sino que eso es una muestra de la necesidad verdadera que tiene el niño en otros planos, mucho más importante. Nosotros somos una semilla que viene al mundo, y la madre, consciente de esa semilla, se torna ella misma en tierra fértil para que esa semilla crezca y abra sus pétalos a lo que sería la vida, la realización, a la búsqueda de lo que esa semilla quiere llegar a ser, para que eso sea realizable.
Cuando no hay esa conciencia, esa semilla viene a la vida y se planta en cualquier tipo de tierra, donde ni siquiera sabemos que eso es una semilla, ni siquiera sabemos qué se está plantando, ni siquiera cuidamos esa tierra en la que ha caído.
Con esto no estamos diciendo que ahora una mujer cuando se quede embarazada deba aislarse y no relacionarse con nadie hasta que su niño tenga siete años, ni que cualquier ser humano, da igual su sexo o situación, que decida criar un niño, no deba hacerlo. No, de lo que hablamos es de que en el momento que un ser humano adulto se hace cargo de otro, debe ser consciente de la responsabilidad que ha adquirido y ayudar a germinar esa semilla que está a su cargo, porque la verdadera educación no es introducir cosas como si la conciencia, o el ser humano, o el alma, fuese un recipiente vacío que nosotros, el mundo, aquellos a los que recibimos esas conciencias, tenemos que rellenar. Es todo lo contrario.
Por eso es tan importante ser conscientes de esto, al margen de los errores que se puedan cometer. Si hay una conciencia, una intención, entonces esa semilla acabará brotando y siendo el árbol que siempre soñó.
Un niño imita todo lo que ve. Está verdaderamente abierto para aprender, es algo que nosotros después hemos perdido, esa capacidad de estar abiertos para aprender. Nosotros, los adultos, a veces despreciamos el mundo del niño. El niño ve cosas, contempla aspectos de la vida que nosotros ya hemos dejado atrás. Pero lo hemos dejado atrás como con desprecio. Incluso en aquellos niños que todavía se manifiesta un poco de ese mundo, de esa manera maravillosa de verla y destacar ciertos aspectos de la vida, esa humildad con la que un niño pregunta: “y esto ¿qué es? Y esto ¿por qué?”... que nosotros hemos perdido, se lo arrebatamos también a ellos.
Por eso es tan importante que seamos conscientes de la delicada misión que supone la educación. Si tenemos claro el concepto, pondremos las bases adecuadas, y todos sabemos que las verdaderas construcciones, las que quedan, las que están de pie después de miles de años, están hechas de piedra. Y están hechas de piedra bien escuadrada, de piedra bien pulida.
Cada uno de nosotros somos una piedra que forma parte de una construcción y si queremos que para el futuro, aquellos seres humanos que vendrán detrás de nosotros, tengan verdadero futuro, tenemos que empezar por nosotros. Por ser nosotros una piedra pulida, escuadrada y que forme parte de una construcción. Es decir, que seamos parte cada uno de nosotros de ese mundo en el que nos encontremos. Que con cada cosa que nosotros hacemos, estamos debilitando esa piedra o estamos soportando mejor el peso de esa construcción.
CONSEJOS PARA REALIZAR TUS SUEÑOS
¿Conoces a alguien que no tenga sueños, ideales, nobles propósitos, deseos de mejorar el mundo...? Pues aunque a veces uno se sienta desbordado por las dificultades y el desánimo, y crea que en este mundo no se puedan realizar, ni merece la pena luchar por ellos, siempre hay que recordar que otros si tienen la fuerza y las ganas de realizar sus sueños. Si ellos pueden, tú también. No lo olvides. Aurrera!!!
Regalo de Navidad
En estos días en que se acerca la Navidad, las calles se adornan, y esas pequeñas lucecillas brillando por doquier me recuerdan lo necesaria que es la luz en nuestro mundo, últimamente tan sumergido en oscuridad. Quizás, aprovechando los adornos navideños, deberíamos volver de nuevo a adornar nuestros corazones y nuestras almas. Es cierto que hay personas que son como rayos de luz alumbrando habitaciones sombrías allá por donde vayan, pero aquellos seres que solo somos pequeñas sombras enamoradas de la luz, podemos arreglar nuestro pequeño templo interior y dedicar al mundo una sonrisa o un abrazo, porque habrá quien esté tan sumido en la oscuridad que no pueda ver, y tal vez nuestro pequeño gesto de iluminarnos por dentro, tal y como están las calles por fuera, quizás esa sonrisa regalada proporcione algo de calor, y su oscuridad ya no sea tan profunda.
Quisiera regalar estrellas-guías que recuerden a todos el camino a casa cuando nos perdamos, pero como no me es posible, os regalo esta poesía, en la que este pequeño ser de agua y sueño sigue persiguiendo, como siempre, estrellas fugaces y creyendo que otro mundo es posible.
En fin, esto va para los soñadores, idealistas y supuestas “causas perdidas” de este mundo: seguid soñando y construyendo ese otro mundo posible. Yo, como “causa perdida”, creo en vosotros.
Noches de invierno, cubiertas de polvo de luna llena
y yo sola esperando;
el mundo grita que la magia no existe,
que todo es ilusorio e irreal,
más quizá esas noches frías de invierno,
en donde la luna brilla alumbrando el frío,
en donde mi alma llora desgarrando estrellas y
pedazos de oscuridad danzan por doquier.
En esas noches de frío invierno,
pequeño ser de agua y sueño,
oscura sombra enamorada de la luz,
las lágrimas de la luna y el agua de mil estrellas fugaces
te envuelven y sabes que la magia existe,
que te acompaña pegada a tu pequeña piel de sombra,
de agua y sueño,
y lo real es irreal,
y el mundo está lleno de seres invisibles que no vemos,
pero que nos protegen,
y la tierra ríe jugando con las flores,
y yo sigo esperando mientras la verdad sonríe tras de mí,
mientras la soledad convive con mi piel...
Día & Noche
El día y la noche son diferentes o eso creemos, pero tal vez no lo son tanto. El corto de Pixar que aparecia antes de la pelicula Toy Story 3 (muy recomendable por cierto, bueno toda la saga lo es) habla de el día y la noche, y como su relación no empieza muy bien, pero...las cosas no son lo que se ve en la superficie, sino que hay más. Creo que el corto lo explica muy bien todo y no son necesarias las palabras.
Apaguemos la luz y descubramos el día y la noche.
Apaguemos la luz y descubramos el día y la noche.
El Gorrion y el Prisionero. Cuento Inconcluso de Miguel Hernández
Este es un cuento inconcluso de Miguel Hernández lo que he hecho ha sido añadir unas palabras a partes ilegibles y darle un final, espero que digno de él. El final y las partes ilegibles van en cursiva. Espero que lo disfruteis.
EL GORRIÓN Y EL PRISIONERO
(CUENTO INCONCLUSO)
Los gorriones son los niños del aire, la chiquillería de los arrabales, plazas y plazuelas del espacio. Son el pueblo pobre, la masa trabajadora que ha de resolver a diario de un modo heroico el problema de la existencia. Su lucha por existir en la luz, por llenar de píos y revuelos el silencio torvo del mundo, es una lucha alegre, decidida, irrenunciable. Ellos llegan, por conquistar la migaja de pan necesaria, a lugares donde ningún otro pájaro llega. Se les ve en los rincones más apartados. Se les oye en todas partes. Corren todos los riesgos y peligros con la gracia y la seguridad que su infancia perpetua les ha dado.
Ave de decisión, gorrión bueno, mejor entre los mejores, era Pío-Pa. Así llamaremos a este leve ser de mi cuento. Llevaba su pantaloncillo corto con remiendos y su blusa de pluma gris, más remendada que su pantaloncillo, con más dignidad que para llevar su corona y su cetro deseara el emperador de Carcunda. Volaba a grandes vuelos, y cuando tocaba tierra su pata andaba a saltos, rasgo alegre de entusiasmo juvenil. La alegría jamás faltó en su nido y en su pecho, donde permaneció arraigada por debajo y por encima de las tristezas que van y vienen. Tejió su nido como el soldado su tienda, donde le cogía la noche o la batalla por las migajas. No ambicionó, como los pájaros señoritiles, parasitarios, ni la rama elevada para piar ni el lugar regalado para yacer con la gorriona. Las innumerables vueltas que hacía al campo y los también innumerables tropiezos y asaltos que allí había experimentado acumularon sobre su cabeza de ajo bello y su corazón aleteante cierta sabiduría: llegó a saber más que una rata de cárcel: toda la que cabe entre una frente y un corazón loco.
Y, precisamente, una cárcel, no una jaula cualquiera, fue la causa de su gloriosa muerte. Pío-Pa, hemos dicho que así le llamaremos, experimentado sorteador de las ballestas, pedradas, trampas y artimañas humanas conjuradas contra su leve ser, volaba un día en busca del sustento de sus alas, que no es el aire precisamente, y fue a detenerse en un agujero de un muro denso de piedra. El agujero tenía rejas, rejas espesas, casi tupidas, que impedían el paso a la luz y a la libertad. Porque detrás del muro y el agujero se veía, y sólo un pájaro podía permitirse ver aquello, una celda con un hombre atalajado de cadenas. Era una de tantas celdas y sólo uno de tantos hombres sepultados en la tiniebla de uno de esos edificios que los albañiles han construido, a veces para ser sepultura de ellos mismos. A duras penas, sólo el ojo luminoso del pájaro es capaz de penetrar y esclarecer la tiniebla, consiguió Pío-Pa ver al hombre. Éste le miró, deslumbrado como ante un relámpago. Su opaco rostro de preso se iluminó, y Pío-Pa halló en sus ojos una mirada pura que en pocos seres se halla, aunque se busque con [ahínco], y se sintió recorrido por la confianza. Pío, pío, pío, dijo Pío-Pa, como si dijera: Tío, tío, tío.
- ¿Cómo se atreves a llegar hasta aquí, gorrión loco?
- Pío, pío, pío.
- ¿No te da miedo la prisión, no temes la mano del hombre, gorrión feliz?
- Pío, pío, pío.
- ¿No te has visto en la jaula jamás, gorrión sin pensamiento? Viéndote así, tan jovial, tan ligero, tan pequeño, me acuerdo de mi hijo.
- Pío, pío, pío.
- Oye, si sabes oír - continuó el preso -. Al cabo de un día y una noche me voy a morir. Me matarán. Dicen que soy una mala persona y que es preciso que muera. No sé qué habré hecho. Ni en sueños ni despierto me acuerdo de haber sembrado ni cosechado el mal. Sólo una mujer pudiera salvarme, pero su casa está lejos de aquí, en la región más soleada de estas tierras. Y habría de recorrerse mucha distancia y mucho pío para llegar hasta ella. Si tú pudieras llegar... Pero sólo hay un día y una noche de tiempo... Mañana no viviré... Lo siento por mi hijo ¡Quién tuviera tus alas, gorrión loco!
- Pío, pío, pío - repetía Pío-Pa -. Y entró de un salto en la celda y se posó sobre el hombro del preso. Adivinó el hombre con asombro que el ave le comprendía, y no se hubiera asombrado si supiera que un gorrión rodado sabe más que una rata de cárcel. Se proveyó al instante de lápiz y papel, que tenía consigo, y escribió de prisa unas cortas letras. En seguida buscó algo con que atar el papel, y hubo de desgarrar la tela de su camisa, y con un girón de la misma anudó el papel al cuello de Pío-Pa, que no cesaba de insistir en su pío, pío, pío.
- Adiós, gorrión loco. ¿Sabrás llegar hasta la mujer que [amo]? En la región más soleada de esta tierra, en una casa pintada de azul y blanco con una palmera y el mar a la puerta vive. ¿Llegarás hoy? ¿Volverás antes de mañana con mi salvación? Ya sabes que estoy destinado a morir cuando nazca el alba del nuevo día si no estás aquí a esa hora. Ya sabes.
Se besaron Pío-Pa y el hombre: el hombre como pudo y el pájaro como supo. El hombre quedó solitario en su celda, y el pájaro desapareció flechado por el agujero en su cielo y en su aire. No sé qué corazón latería con más fuerza, si el del hombre o el del gorrión. El hombre quedó más opaco en su ser y en su celda, más preso, desaparecidas las breves alas audaces, capaces de franquear hasta los muros de una prisión.
Mis ojos siguieron el vuelo del gorrión andar entre los [fríos muros de cemento], a través de aquella mañana invernal con escarcha y sin una nube. El frío atemorizaba los campos. Sólo su valentía de gorrión se atreve con el invierno. Las otras aves rehúyen los malos tratos del diciembre y el enero, emigran a los países de primavera y verano constantes. Sólo el gorrión permanece ante los duros tiempos.
El mundo es breve para las alas atrevidas. Las de Pío-Pa baten y avanzan velozmente. Es un relámpago de pluma que renueva los horizontes por momentos. La tierra, abajo, gran punto de escarcha, desencadena su redondez girante. Ávido, impaciente por cumplir su misión salvadora, el pájaro deja atrás páramos, valles, montes, ciudades, río, bosques. Las horas avanzan con él, y el sol asciende como temoroso de que se produzca un choque entre la luz y las plumas. Los gorriones que se cruzan en el camino de Pío-Pa sufren el golpe de viento de su velocidad y piensan que aquel compañero ha enloquecido.
Avanza y avanza. Hasta que se siente rendido y en la necesidad de tomarse una tregua. Entonces, desciende y se detiene sobre un árbol para cobrar nuevos bríos. Pero la tierra, que no es transparente como el aire, está llena de asechanzas. En el aire no es posible el acecho invisible; en la tierra, sí. Pío-Pa ignora que, al detenerse, peligra su vida. Un hombre, concentrado todo él en apuntarle sobre un arma de pólvora, guiña el ojo, tuerce la boca, hunde un dedo en el gatillo del arma con sus manos peludas aferradas a ella. La mirada avizora del gorrión no ha reparado en el terrible bulto negro que procura disimularse tras un tronco. Suena el disparo. La rama en que descansa Pío-Pa cae cortada al suelo. ¿Y el gorrión? ¿Ha sido destrozado? Algo del plumón de su pecho flota y se aleja en la brisa. Pero nuestro héroe vuela ya muy lejos y muy alto, camino de la casa azul y blanca. No le ha sorprendido el incidente. Hecho su corazoncito a todos los golpes, no queda en él campo para la sorpresa. Vuela más raudo, más arrebatado, más alegre.
Se cumple el mediodía. Ya la luz llega su madurez. Ya el aire es caliente alrededor del pájaro, que penetra en la zona más caliente de la mañana. El cansancio se apodera otra vez de sus alas. Otra vez ha de renovarse su aliento en un breve descanso.
----Después de otro breve descanso Pio Pa se dispone a seguir de nuevo el vuelo. Ya apenas quedan unas horas para el amanecer. Su tiempo se agota, siente en su suave pecho de plumón el cemento que rodea el del prisionero.
Aletea las alas con el entusiasmo, inocente y juvenil propio de un gorrión, mientras su corazón al borde de la extenuación golpea en su pecho de plumón.
Los primeros rayos arañan el cielo cuando Pio Pa divisa la casa azul y blanca y a la mujer que se encuentra en el interior.
Pio Pa se acerca a la ventana entreabierta y pia entusiasmado con su último aliento, mientras su corazón se detiene en el instante en el que en aquella lúgubre cárcel de cemento, el prisionero es conducido hacia su final.
En el interior de la casa azul y blanca, la mujer siente un breve aleteo en el pecho y dirige su mirada hacia la ventana en el momento en el que el diminuto cuerpo de Pio Pa cae.
Muy lejos de allí, en un pequeño patio el prisionero acepta la mano de la muerte que enamorada, le sonríe.
Mientras en sus ojos inmensamente abiertos va desapareciendo la luz, un principio de sonrisa brota de los labios del prisionero. Diminuto, pero erguido y orgulloso con su camisa de plumón gris, Pio Pa le lanza el más bello canto que jamás ha oido…
En la casa azul y blanca una mujer llora ante el cuerpo inerte del pequeño gorrión, en sus manos un arrugado pedazo de papel.
Para Miguel, que no pudo acabarlo...
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"VENDEDOR DE SUEÑOS"
A veces en el día a día nos olvidamos de soñar, nos introducimos en la rutina cotidiana, la mirada a ras de suelo y la sonrisa sin despertar. Necesitamos un “vendedor de sueños” que nos arranque del estado hipnótico en el que nos encontramos. Hay muchos a lo largo del día, son aquellos que nunca han dejado de soñar. Y tú ¿qué vendes?
Grafología : Beethoven
Beethoven
La escritura de Beethoven es un ejemplo de escritura explosiva, lo que evidencia su naturaleza intempestiva y temperamental. La tremenda oscilación de letras en cuanto a su inclinación, así como las irregularidades de líneas, tamaño, etc., son signos de inestabilidad anímica, emotividad y reacciones, a menudo excesivas (debido a su elevada sensibilidad).
El texto muestra una escritura “combinada”, signo grafológico de la creatividad inteligente, propia del genio creador. Gran viveza de imaginación y de carácter. Ese gran dinamismo radiante y expansivo que vemos en su escritura le otorga una buena capacidad creativa rompiendo moldes convencionales.
La rapidez y dinamismo de su escritura muestran autenticidad y honestidad en este músico ilustre. No hay compostura ni maquillaje en su personalidad gráfica, y sí emotividad intensa, apasionamiento, radicalidad, creatividad, orgullo altivo y la inestabilidad típica de una naturaleza extraordinaria y fuera de lo común. Beethoven era una mezcla de infantil y transparente simplicidad y de fuerza de carácter y nobleza de alma que constituye uno de los mayores atractivos de la naturaleza humana.
La firma revela su naturaleza expansiva, altiva, enérgica (mixta en cuanto curva y angulosidad) y desafiante de su personalidad. Determinado por una voluntad poderosa, capaz de vencer todo tipo de dificultades y obstáculos. Por ejemplo, cuando tuvo que luchar contra su sordera, él mismo confesó: “luché a brazo partido con el destino y no permití que me dominara”. El grafismo que vemos en su firma posee firmeza, optimismo y autenticidad.
Mª Angeles López
Grafóloga
Sobre el aragonito o flor de hierro
El aragonito o aragonita es una de las formas cristalinas del carbonato de calcio (CaCO3), junto con la calcita. Puede encontrarse en forma de estalactitas, y también en la concha de casi todos los moluscos y en el esqueleto de los corales. Entre las variedades del aragonito destaca la llamada flos-ferri (flor de hierro), que se asemeja a un hermoso coral, llamada así por los mineros, pues era frecuente encontrarlo en los depósitos de este metal.
El nombre aragonito se debe al mineralogista Abraham Gottlob Werner, quien en 1788 lo definió a partir de unos ejemplares procedentes de Molina de Aragón, en Guadalajara, que él atribuyó erróneamente a Aragón.
El aragonito se forma a partir de aguas termales o géiseres, aguas filtradas que han entrado en contacto con rocas muy calientes situadas a gran profundidad y que han vuelto a emerger a la superficie. Estas aguas disuelven minerales de las rocas a su paso, entre ellos, el calcio. A medida que las aguas termales se evaporan, el calcio que contienen precipita y, cuando entra en contacto con el aire, se combina con el oxígeno y el dióxido de carbono formando los cristales de aragonito.
El aragonito puede encontrarse formando estalactitas en cuevas. También puede localizarse en rocas metamórficas o en rocas sedimentarias de los fondos oceánicos, así como en los esqueletos de muchos organismos marinos vivos o recientemente fosilizados. Además, es común en zonas oxidadas de yacimientos metálicos.
Los yacimientos de aragonito más importantes se encuentran en España, entre los que destacan el de la localidad de Luzón (Guadalajara), y los de Minglanilla, en Cuenca, donde se encuentra en una gran variedad de colores. Pueden encontrarse cristales pseudohexagonales en Italia y Sicilia, agregados en piña en Marruecos y variedades estalactíticas y coraloideas en Arizona, Chihuahua (México), Francia (de color azul), Austria e Italia.
En Eslovaquia hay una cueva entera formada de aragonito, llamada La cueva de aragonito Ochtinská. Esta cueva está declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, y es una de las tres cuevas de aragonito que se han descubierto en el mundo hasta el momento.
Hay una leyenda sobre la flor del hierro:
Lágrimas de Aragonito Cuenta la leyenda que en la región de Molina de Aragón (en España), vivían dos familias muy ricas y poderosas, pero con una rivalidad más grande que su poder. Para desgracia de ambas familias, entre la hija y el hijo surgió un amor puro y sincero. Cuando los padres de la chica se enteraron, utilizaron todo tipo de artimañas para separarlos y, viendo que no obtenían resultados, decidieron acabar con la vida del joven. La joven, al enterarse de que su amado había muerto por órdenes de sus familiares, sufrió de desdicha, que lloró y lloró, y su vida se fue extinguiendo poco a poco; sus lágrimas se fueron solidificando con una dureza excepcional, extendiéndose y adoptando formas caprichosas, como carámbanos de nieve por su blancura y brillo. Se dice que así fue como se originó el aragonito, como ejemplo del amor puro y sincero que se puede dar entre los seres humanos. |
Texto sacado de las siguientes fuentes:
ROSA DE HIERRO
Destello de luz envuelto en duro algodón.
El tiempo te dio forma,
el agua y el aire jugaron con tu cabello.
Extraña te sentiste en la inmensa oscuridad,
mas un día una llama iluminó tu oscuro mundo.
De la tierra fuiste arrancada,
el temor se rizó en tu rostro como lenguas de mariposa.
Tus ojos al mundo se abrieron
y descubriste el horror, pero también
la luz, la esperanza…
Un día, una llama de fuego se clavó en tu piel
y desde entonces, frágil rosa de hierro,
sientes el aliento del fuego frente a ti.
Corazones que cantan a tu corazón sombrío...
A través de las arenas del tiempo…
Tú, pequeña rosa de hierro...
Calidez. Frío metal. Esperanza de luz solar…
LDD Julio 11
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